Euroclip

Margallo critica el plan de cuotas de la UE porque España acogería a muchos inmigrantes (en la web, el lunes).

¿Por qué no hay un Amazon europeo? (en Mercados el domingo).

La boda del primer ministro (el luxemburgués. El sábado en el papel).

La UE ofrece asilo a otros  20.000 nuevos inmigrantes y el Reino Unido se desmarca (el jueves en el papel).

– «Bruselas vigila los salarios españoles» (en el papel el jueves) –

«Bruselas ofrece 20.000 plazas para refugiados en sus países de origen a repartir entre los estados miembros«. (El miércoles, en la web).

– «La UE pide más reformas estructurales a España para cumplir el déficit» (en la web el miércoles).

– «La Unión Europea concedió 185.000 asilos en 2014, un 50% más que el año anterior» (el martes en la web).

– El FMI quiere desmarcarse de futuros rescates a Grecia (el martes en papel).

– Un sistema más justo (un análisis en el papel del martes para Internacional sobre la estrategia de inmigración europea).

Varufakis dice que la liquidez es un problema ‘terriblemente urgente‘ (el lunes, en la web).

Lecturas de Domingo

Robin Marantz Henig en el Magazine del New York Times: «The Last Day of Her Life«. When Sandy Bem found out she had Alzheimer’s, she resolved that before the disease stole her mind, she would kill herself. The question was, when?

Matthew en Esquire: «The Friend«.  His wife was just thirty-four. They had two little girls. The cancer was everywhere, and the parts of dying that nobody talks about were about to start. His best friend came to help out for a couple weeks. And he never left.

Joshua Rothman en The New Yorker: «Anatomy of error«. A surgeon remembers his mistakes. Hay una larga tradición de médicos escritores y de médicos que escriben sobre sus errores. Henry Marsh reflexiona sobre ellos, sobre sentimientos y sobre cómo se supone que los suyos deben estar siempre muy por detrás de los sentimientos de los pacientes.

Sebastian Junger en Vanity Fair: «How PTSD Became a Problem Far Beyond the Battlefield«. Mucho después de volver de Afganistán, estando un día en el metro, pensó que iba a morir. Nunca había pasado tanto miedo.

Ashlee Vance en Bloomberg: «Elon Musk’s Space Dream Almost Killed Tesla«. SpaceX started with a plan to send mice to Mars. It got crazier from there. Ojo a esta que es quizás la mejor historia que he leído este año. El inicio es básicamente insuperable: «In late October 2001, Elon Musk went to Moscow to buy an intercontinental ballistic missile». Lean, lean.

Tad Friend en The New Yorker: «Tomorrow’s advance man«. Marc Andreessen’s plan to win the future

Joshuah Bearman y Tomer Hanuka en Wired: «The Rise and Fall of Silk Road» and «The Rise and Fall of Silk Road II«.

–  Un obituario en The Economist: «Brian Beedham, the pipe-smoking warrior«.  For nearly all the 25 years leading up to the collapse of communism in 1989, two intellects dominated the pages of The Economist. They were Norman Macrae, as deputy editor, and Brian Beedham, as foreign editor. Their marks were influential, enduring—and quite different. Norman, who died in 2010, relished iconoclasm, and original ideas sprang like a fountain from his effervescent mind. Brian, bearded, tweed-jacketed and pipe-smoking (or pipe-poking), held ideas that were more considered. It was he who provided the paper’s attitude to the post-war world.

Timothy Snyder en Eurozine: «When Stalin was Hitler’s ally«.  As Russia revives the tradition of wars of aggression on European territory, Vladimir Putin has chosen to rehabilitate the Molotov-Ribbentrop pact as good foreign policy. But why violate now what was for so long a Soviet taboo? Timothy Snyder explains.

  – Jesús Cacho en Voz Populi: «La Justicia a través del espejo de la fortuna Larios«.  Tremendo lo que cuenta y que le ha valido al diario una denuncia, claro.
Buen domingo a todos.

Esther Duflo

La economista francesa Esther Duflo ha sido galardonada hoy con el premio Princesa de Asturias 2015. Se ha impuesto a gente de mucho nombre, como Thomas Piketty, Manuel Castells o Michael Sandel. Es un punto irónico, pues fue Piketty uno de los que más la influyó a la hora de decantarse por la Economía, puesto que de estudiante quería ser historiadora, y fue él quien la empujó a irse a Massachusetts.

El jurado es muy claro en las actas. El premio es un reconocimiento a Duflo «por sus innovadoras y decisivas contribuciones a la economía del desarrollo y al estudio de las políticas contra la pobreza.Duflo ha aplicado con originalidad métodos experimentales para evaluar la eficacia de las políticas contra la desigualdad económica y social, especialmente en África, Asia e Iberoamérica. Los resultados de su investigación han renovado profundamente el diseño de estrategias en los ámbitos de la educación, la salud, las microfinanzas y el empleo. Es cofundadora y codirectora del Laboratorio para la Acción contra la Pobreza del Instituto Tecnológico de Massachusetts, una de las mayores redes de investigación mundial para el fomento del desarrollo».

Me gusta mucho Duflo. Es complicado de explicar, porque no tengo muy claro si tiene razón en su principal argumento, pero tiendo a pensar que sí, sus posturas intuitivamente me resultan lógicas y su modo de trabajar, appealing.

Simpatizo enormemente con el resumen que hace de su trabajo: «La gente es irracional, tanto si vive en países desarrollados como si vive en países en desarrollo, pero la gente es irracional en formas que podemos intentar y conseguir entender. Y los incentivos funcionan, simplemente tenemos que entender la manera en que lo hacen».

Duflo es francesa de nacimiento y educación, pero americana de formación. Tremendamente inteligente, original, aguda e incisiva. Tiene 42 años. Estudió economía en París y se doctoró en el MIT en 1999, y allí ha trabajado prácticamente toda su carrera. Ser profesora (con tenure) en esa institución  antes de los 30 no es nada fácil.

Su trayectoria está plagada de premios y es una de las mujeres más conocidas en el mundo académico norteamericano.

Aquí, ella misma explica qué hace (con su tremendo acento francés, por cierto) y de qué sirve en una muy interesante Ted Talk.

Hace un par de veranos recomendé en EL MUNDO el libro de Duflo y Abhijit Banerjee entre los más estimulantes del momento: Diez libros de economía (para el verano).

Mantengo lo dicho entonces:

«Experta en Economía del Desarrollo es directora del Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab y una pensadora original y creativa. En ‘Repensar la pobreza‘, escrito con Abhijt V. Banerjee, la autora trata de romper con los enfoques macro y aboga por ideas pequeñas, válidas para casos concretos. En vez de destinar cientos de millones a grandes proyectos explica cómo prologar un año un tratamiento contra los parásitos en algunas aldeas africanas dispara el sueldo de esos cuando llegan a adultos. O como un kilo de legumbres en la India es el mejor de los incentivos para vacunar a los hijos.

Duflo denuncia la ideología, ignorancia e inercia presente en muchos organismos y gobiernos, y cree que hay que eliminar el paternalismo, o aceptar que es tan real en países en desarrollo como en los desarrollados. Un libro imprescindible para entender la pobreza y los grandes errores que se han cometido para combatirla».

Duflo nos viene a decir con sus experimentos y controles que no hay grandes recetas mágicas que funcionen para todo el mundo en todas partes en todo momento. Parece algo bastante obvio, para cualquier campo, pero en el mundo de la Economía del Desarrollo, de la ayuda al desarrollo, de los grandes proyectos, del dinero del Banco Mundial y de las ONG, no está tan claro. Que se lo pregunten  a Bill Easterly.

La posición de Duflo está más cerca de las posiciones de «los gurús de la demanda» que de los de «la oferta», por usar la terminología del sector que muy bien repasan Octavio Medina y Kiko Llaneras en «Esther Duflo y el auge de lo aleatorio«, en Politikon. Pero no forma parte de esa ‘escuela’ y su trabajo, como apuntan, sirve para romper un poco el debate enquistado desde hace demasiado tiempo.

El libro de Duflo no es un manual de teoría, sino un buen repaso de lo que se ha hecho mal en la última década y en lo que se podría hacer bien. Toda la economía derivada de experimentos es polémica, pero como decía JFV, pero «poner evidencia empírica seria encima de la mesa sobre qué políticas funcionan y cuáles no es una de las motivaciones fundamentales». Él se refería a NeG, pero valdría como motivación en general.

Duflo ganó la John Bates Clark Medal (el reconocimiento de enorme prestigio que la American Economic Association concede a los mejores economistas de menos de 40 años) en 2010. La AEA resume su trabajo, en la parte de los experimentos y el control, pero no sólo.

Sus papers se pueden encontrar aquí. Miren los más recientes: Kenia, India, microcréditos, Marruecos, organizaciones. Pepe Fernández Albertos recomienda la lectura de «Women Empowerment and Economic Development«.

Las compañeras de Economía en Dos tardes explican hoy en español qué eso es de los experimentos y controles aleatorios. Un buen ejemplo del tipo de trabajo es cuando ella cita a unos compañeros. ¿Qué pasaría en China si el precio del arroz, un bien de consumo esencial, baja? ¿Se comería más o menos arroz? La intuición diría que más, ¿no? Pues el caso es que…

«So you need an experiment to know, and in fact they found something very interesting when they did this experiment in one place in China where rice is a very important part of the food basket for the poor. And they found that when the price decreased, people ate less rice, not more rice, which means rice is a Giffen good [a product that consumers demand more of as its price rises because the income effect dominates the substitution effect].

¿Cómo afecta la ausencia de un profesor en clase al rendimiento de sus alumnos en India? ¿Se podría mejorar, ambas, simplemente obligando al profesor a hacerse una foto con ellos dos veces al día? ¿Y se mejoraría la vacunación premiando a las madres de los niños con legumbres? [La respuesta es sí, claro]

Alicia González la entrevistó en El País en 2012. Javier Mato lo hizo en 2010 para Sintetia, y el resultado es interesantísimo.

Carlos Fresneda también para El Mundo en 2010 («Los países más pobres suelen ser corruptos,  pero esa corrupción anida en la burocracia«). Y Juanma Bellver, en 2013, también para El Mundo («Los países pobres acabarán desoyendo al Banco Mundial y al FMI si no les ayudan más«). Y ayer mismo, Pablo Pardo charló con ella y lo explica hoy en El Mundo también.

En un texto que escribí hace dos años, titulado, «Ganar la lucha contra la pobreza«, puse:

«Esther Duflo (1972), profesora del MIT y una de las economistas con más proyección e influencia en temas de lucha contra la miseria, considera que no hay una sola «cosa que puede acabar con la pobreza». Que no se trata de «una cruzada, con un enemigo bien identificado y específico, ya sea el ‘capitalismo salvaje’, los gobiernos deshonestos, el exceso de reglamentación, el hambre o la malaria. Todo esto probablemente tiene algo que ver con la persistencia de la pobreza. Pero ninguno de los factores es fácil de solucionar y, más importante aún, incluso si se lograra, la pobreza todavía estaría con nosotros».

Ella y su equipo, recientemente galardonados con un Dan Daviz Prize y un millón de dólares, apuestan por un enfoque práctico y muy concreto. «La lucha contra la pobreza consiste en combatir, con paciencia y deliberación, los muchos problemas que hacen que la vida de los pobres sea difícil: las malas escuelas, el agua sucia, las enfermedades infecciosas, los caprichos del clima y otros desastres naturales, el saneamiento deficiente, la falta de habilidades, la corrupción a pequeña escala, los baches de una carretera. La lista es interminable».

Y precisamente por ello, y en lugar de despilfarrar cientos de millones en políticas tan bien intencionadas como inefectivas, la mejor manera de saber qué funciona y qué no es mediante experimentos, tanto para el uso de vacunas en la India como el de mosquiteras en Kenia, como explica Duflo en esta charla.

Acabar con la pobreza es posible. Lleva mucho tiempo y hay muchos obstáculos, pero cuanto más se ‘parecen’ las economías en desarrollo a las desarrolladas, cuantas menos trabas haya para hacer negocios, cuanta más seguridad jurídica, e imperio de la ley e infraestructuras, cuantos más derechos y títulos de propiedad, más fácil es prosperar.

La lucha contra la pobreza a través de la economía, de lo que sabemos que realmente funciona, es como la medicina actual. No hace milagros, no lo cura todo y comete errores, pero salva más vidas que nunca antes en la historia de la humanidad. El camino es complicado y largo, pero la ruta está muy clara».

Ellos, Duflo y Banerjee, en la entrevista con Alicia, al ser preguntados por el principal error de la Economía del Desarrollo, lo tenían más o menos claro:

A. B. «Es difícil porque hay unas cuantas. Pero diría que es la impaciencia. Ese convencimiento generalizado de que si no logramos eliminar la pobreza en, digamos, cinco años hemos fracasado. No es así. Nada cambia en un día.

E. D. Yo lo combinaría con la creencia de que una sola cosa lo conseguirá. Ninguna solución sirve para todos los problemas.

La Economía no es una ciencia perfecta, ni una ciencia, pero ofrece valiosas herramientas si se usa con rigor humildad. El trabajo de Duflo nos invita a ser humildes, a pensar, a probar, a ver qué va bien y qué no va bien. A medir, a experimentar, a controlar. A admitir que fracasaremos y a seguir intentándolo, sin prisa, sin pausa.

Nos invita y empuja a abrir la mente y no tener prejuicios. A salir de los esquemas tradicionales. A ir al terreno, a a observar, a mancharnos las manos. A no usar a las personas como números distantes y todos iguales. A desconfiar de las grandes soluciones, de los remedios globales, de la tiranía de los expertos, de los reyes taumaturgos.

No lo dijo ella precisamente, pero seguro que está bastante de acuerdo: «The curious task of economics is to demonstrate to men how little they really know about what they imagine they can design».

Por eso este premio es una buena noticia.

———-

He añadido esta mañana un párrafo con el artículo de Kiko Llaneras y Octavio Medina. Como me comentó anoche Octavio, mi post puede hacer pensar que Duflo está más cerca de Easterly de lo que seguramente está (por referencias como la del final a la tiranía de los expertos), por lo que los matices del texto de Politikon hay que leerlos y tenerlos muy en cuenta. Porque de estos temas, desde luego, el que más sabe es él.

Hersh y la muerte de Bin Laden

Desde hace tiempo se sabía que Seymour Hersh estaba trabajando en un artículo sobre la muerte de Bin Laden, ocurrida hace cuatro años y poco más de una semana en Abbotabad, una ciudad pakistaní.

El otro día en Revista 5W Agus Morales, que estuvo allí, hizo un resumen. Ayer domingo, por fin, la historia de Hersh vio la luz. Un larguísimo ensayo, de más de 10.000 palabras, publicado por la perstigiosa y británica London Review of Books con el título: «The Killing of Osama bin Laden«.

Es una historia fascinante, realmente bien escrita, dinámica, con ritmo y una teoría demoledora: todo lo que nos han dicho sobre la muerte de Bin Laden es mentira. O casi todo. No fue una operación secreta de EEUU, ejecutada sin el conocimiento de Pakistán. No lo descubrieron a través de sus correos (no electrónicos, sino gente que hacía de correo), sino por la traición de un oficial de interligencia pakistaní que ahora vive en Washington con una recompensa de 25 millones de dólares.

Y no fue una enorme sorpresa porque, según Hersh y sus fuentes, Bin Laden era ‘prisionero’ de Islamabad desde al menos 2006. Los americanos entraron con un guía que prácticamente los condujo hasta la puerta del dormitorio. Apenas hubo disparos, porque no habría habido apenas resistencia. Y los restos no fueron siquiera tirados al mar porque básicamente no quedaban restos que tirar. Hay mucho más. Aquí, un resumen en español en El Mundo.

La historia es tremenda. Leedla. Sólo tiene un problema: es tremendamente endeble, no se sostiene por ningún lado.

No soy un especialista ni mucho menos en estos temas. He leído bastante sobre ello, pero a nivel muy amateur. Pero me dedico al periodismo, así que el principal problema salta a la vista incluso para un profano. El argumento, la historia, de Hersh se sustenta sobre muy pocos testimonios y de gente vagamente relacionada con la información. Con vagamente no queremos decir que no sea gente informada (al menos una de ellas aparece por nombre), sino gente que, aparentemente, estaba muy lejos de la cadena de mando y de la información de mayor nivel en esa época. Y es algo que van a usar en su contra inmediatamente.

Max Fisher, en Vox, enumera las principales debilidades de la historia y lamenta que el periodista que ha sacado cosas que van desde la matanza de My Lai hasta Abu Ghraib, haya caído en la «conspiración». El texto está lleno de afirmaciones muy controvertidas.

Como admiten alguno de los críticos más feroces, el Gobierno de EEUU mintió en algunas de las filtraciones inmediatamente posteriores al ataque de los Navy Seals. Pero el relato de Hersh no está lo suficientemente bien atado.

Peter Bergen, en un texto de la CNN, empieza elogiando la carrera de Hersh, uno de los «gigantes» del periodismo de investigación. Pero su dictamen es durísimo: «Hersh’s account of the bin Laden raid is a farrago of nonsense that is contravened by a multitude of eyewitness accounts, inconvenient facts and simple common sense«. Pero sobre todo, en dos párrafos, da un golpe bastante fuerte a la línea de flotación del artículo de Hersh (negritas mías):

«The only source Hersh refers to by name in his 10,000-word piece is Assad Durrani, who was the head of ISI during the early 1990s, around two decades before the bin Laden raid occurred. Hersh portrays Durrani as generally supportive of Hersh’s various conclusions.

When I emailed Durrani after the Hersh piece appeared, Durrani said there was «no evidence of any kind» that the ISI knew that bin Laden was hiding in Abbottabad but he still could «make an assessment that this could be plausible.» This is hardly a strong endorsement of one of the principal claims of Hersh’s piece».

Y el final del post, los dos últimos párrafos, son buenos.

Primero, una reflexión en general sobre periodismo: «All sorts of things are, of course, plausible, but in both journalism and in the writing of history one looks for evidence, not plausibility». Que suscribo completamente. Es posible que Hersh lleve razón y que todo haya sido una enorme mentira, de inicio a fin. Pero no basta con que sea posible. Esto no es un jurado al que se le dice que si tiene dudas razonables no puede condenar. Aquí la carga de la prueba va por otro lado, y Hersh no sólo pone en duda una versión oficial, sino que presenta una alterantiva. Pero no la demuestra. Y si no desuestras algo tan grave, no es periodismo, es ciencia ficción.

La última, sobre el caso concreto. «Hersh has had a storied career. One hopes that he won’t end it with a story about the Obama administration and the bin Laden raid that reads like Frank Underwood from «House of Cards» has made an unholy alliance with Carrie Mathison from «Homeland» to produce a Pakistani version of Watergate»:

Imagino que en las próximas horas habrá más reacciones y artículos. Los iré enlazando según los lea.

Íñigo tiene una opinión muy similar a la mía, lo escribe en Guerra Eterna.

Jack Shafer en Politico: «Sy Hersh, Lost in a Wilderness of Mirrors«. De forma resumida: «It’s a messy omelet of a piece that offers little of substance for readers or journalists who may want to verify its many claims. The Hersh piece can’t be refuted because there’s not enough solid material to refute. Like the government officials who spun the original flawed Abbottabad stories, he simply wants the reader to trust him.»

Y la conclusión, bastante dura pero que comparto también:

«By re-exploring the bin Laden operation, Hersh has thrust himself into the phenomenological territories that Cold War spymaster James Jesus Angleton called a “wilderness of mirrors.” In this clandestine world, truths are constructed, obliterated and bent to serve their masters. Adversaries who would deceive abound in this place, and without a reliable map, a compass, a sense of direction and maybe even a pedometer, even the most intrepid voyager (or journalist) can find himself lost. I’ll volunteer to join a search party for Hersh—somebody I’ve long admired—if only somebody can tell me precisely where he is.

Gabriel Sherman en el NY Magazine: «Why Seymour Hersh’s ‘Alternative’ bin Laden History Did Not Appear in The New Yorker«. Con un enlace a esto, de hace unos días, que apoya parte de la versión de Hersh.

– Blogger accuses Seymour Hersh of ‘plagiarism’ for bin Laden raid story. Dice que ella, en 2011, ya puso las mismas dudas, identificó los mismos factores y citó a dos de las fuentes militares de Pakistán que ahora recupera Hersh.

– El autor defiende su trabajo: «Seymour Hersh Details Explosive Story on Bin Laden Killing & Responds to White House, Media Backlash«.

-Ojo, que Carlotta Gall, corresponsal del NYT en Afganistán y Pakistán durante 12 años, desde 2001, se pone de parte de Hersh: «The Detail in Seymour Hersh’s Bin Laden Story That Rings True«. Dice que hay elementos que ella misma llegó a confirmar, como la existencia de un informante y por lo tanto el conocimiento del ISI de la ubicación de Bin Laden, pero que no lo publicó porque habría sido muy complicado de justificar y defender en EEUU. Porque en esos temas no hay documentos y todo se mueven con fuentes anónimas.

James Kirchick en Slate: «A Crank Theory of Seymour Hersh«. Quizás el ataque más violento. «the bulk of what Hersh has written over the course of his legendary career is distortion and conjecture; his reputation as America’s premier investigative journalist rests on two stories: the My Lai Massacre and the Abu Ghraib prisoner abuse scandal. The rest of Hersh’s oeuvre descends largely from his overactive imagination».

– Interesante esto de Husain Haqqani, pero obviamente, ‘de parte’, porque el que firma fue embajador de Pakistán en EEUU: «What Pakistan Knew About the Bin Laden Raid«.

OJO DE NUEVO. Pablo Pardo entrevista a Hersh en El Mundo: «Era más fácil la versión heroica«.

– E Isaac Chotiner en Slate: “I Am Not Backing Off Anything I Said”. Es la entrevista más surrealista que me he encontrado en mucho tiempo, tenéis que leerla. Llena de palabrotas, mala leche, interrupciones por llamadas, un Hersh irascible y súper sincero, reproches.

Lecturas de Domingo

– Leyre Iglesias en El Mundo: «La andaluza y el etarra arrepentido«. Él mató a tres personas. Ella lo conoció en la cárcel, en Cádiz. Se enamoraron y él se arrepintió de lo que había hecho.

– Lawrence Weschler: «A Rare, Personal Look at Oliver Sacks’s Early Career«.

– Sarah Maslin Nir: «Un trabajo tan duro como las uñas«.

– En BuzzFeed: «The King of Bullsh*t News«. How a small British news agency and its founder fill your Facebook feed with stories that are wonderful, wacky – and often wrong

– Manuel Conthe en su blog de Expansión: Éxodos, críticas y lealtades.  Y aquí, el obituario que escribí sobre Hirschman en 2012.

– «This Is My Vision Of «Life«. Richard Dawkins

– Jordi Pérez Colomé en El Español: «El espontáneo«, un largo perfil de Pablo Echenique.

– Ryan Lizza en The New Yorker: «The Virtual Candidate«.Elizabeth Warren isn’t running, but she’s Hillary Clinton’s biggest Democratic threat.

– 10 Science Fiction Writers Predict How Our World Will Change In The Next 10 Years

– En la BBC, «The women who are obsessed with Parkour«.

Euroclip

Os dejo en un post unos cuantos de los artículos que he publicado en el periódico en los últimos días. En papel, web y alguno de los suplementos.

El tentetieso, un análisis sobre las relaciones entre UK y la UE. (en Internacional, web y papel).

Varufakis: es «acuciante» para España una solución en Grecia (en papel, con Carlos Segovia).

El primer ministro de Luxemburgo se casa con su novio (en LOC).

–  La UE multa a España con 18,93 millones por la manipulación del déficit valenciano (web)

– El Gobierno admite el ‘error’ de Francisco Camps en las cuentas (en papel, con Carlos Segovia).

Erasmus, la beca que ‘construyó’ Europa (en Campus).

Alarma por el gasto público (en el papel).

– La Comisión Europea cree que España incumplirá de nuevo el déficit este año y el que viene (web)

Perfilando el ‘Plan B’ griego (análisis en papel).

– Rapapolvo del Eurogrupo a Varufakis por su ‘dogmatismo’

El Eurogrupo fracasa antes de empezar.

– La UE autoriza la comercialización de 17 alimentos transgénicos (web).

La UE denuncia a Gazprom y reabre la guerra comercial con Rusia (papel).

Lecturas de Domingo

–  Doris A. Fuller en el WaPo: «I lost my darling daughter Natalie to mental illness. She killed herself a few weeks short of her 29th birthday«. Vía Guerraeterna

– Adam Schatz en el NYT: «Stranger Still«. Kamel Daoud, the Algerian journalist who’s challenging religious fervor.

– En The Guardian, «The story of Antonis Deligiorgis, the Greek hero on the beach«. Soldado, estaba tomando un café cuando la embarcación se hundió y rescató a decenas de pasajeros. Vía Alberto Sicilia

– Christoph Reuter en Der Spiegel: «The Terror Strategist: Secret Files Reveal the Structure of Islamic State«.

– «Till death do us part«. Malos tratos en Carolina del Sur. Vía Beatriz Hoya.

– Jason Motlagh en The Guardian: «The future of Cuba’s socialist ice-cream cathedral«. Vía DonHurtado

– Xavier Colás en El Mundo: «Valery, el ruso de 30 años que quiere un cuerpo nuevo para su cabeza«. «Mi trasplante de cerebro no es una operación contra Dios».

– Hernán Casciari: «Diez razones para hacer silencio«.

– Ernesto Filardi: «Las dos caras de la moneda». Sobre identidad, inmigración y gente que te cambia la vida. Vía Verónica Calderón.

– Álvaro Corazón Rural en Jot Down: «La vida sexual en la Unión Soviética«.

Lecturas de Domingo

– Seymour Hersh en The New Yorker: «The Scene of the Crime«. A reporter’s journey to My Lai and the secrets of the past. (Vía María Ramírez).

– Buenisimo esto de Evan Osnos en The New Yorker: «Born Red«.  How Xi Jinping, an unremarkable provincial administrator, became China’s most authoritarian leader since Mao.

– Javier Espinosa en El Mundo: «Hombres rata, un millón en el subsuelo de Pekín«.

– Fascinante esto de Vince Beiser en Wired: «The Deadly Global War for Sand«. (Vía Rodrigo Orihuela).

– Ellie Hall en BuzzFeed: «Gone Girl: An Interview With An American In ISIS«. Sus padres ,emigrantes de Yemen, la criaron en EEUU. Un día, a los 20 años, dejó la universidad y se fue a Siria para ser la mujer de un yijadista. Desde twitter, incita a matar americanos.

– Bill Jensen en el Washingtonian: «The Insane Story of the Guy Who Killed the Guy Who Killed Lincoln«.  Meet Boston Corbett, the self-castrated hatmaker who was John Wilkes Booth’s Jack Ruby.

– Michael Sokolove en el NYT: «How Low Can the Philadelphia 76ers Go?«. On the road with pro basketball’s lovable losers. (Vía Roger Senserrich).

– Zigor Aldama en El Correo: «El último cetrero«.  El milenario arte de cazar con águilas está al borde de la desaparición en Mongolia.

– Sarah Pulliam en el WaPo: «How Rachel Held Evans became the most polarizing woman in evangelicalism«.

– Ben Jackson en la LRB: «Having fun: on harrashement, public shaming, reputation and anonimity in the Internet«. (Vía Beatriz Hoya).

– Y para acabar, esto simpático del WSJ: «Meet the Americans who attend random high school musicals for fun«. Los musicales de instituto cada vez son más profesionales, y etsa pareja no se pierde uno.

Lecturas de Domingo

– Barney Frank: «My Life as a Gay Congressman«. It took me 32 years to come out. This is what happened when I did.

– En Haaretz: A ‘coming out’ ceremony for a Jewish transgender teen. A ‘cross between a bar mitzvah and a brit.

– «Spencer Robinson: «Wittgenstein, Schoolteacher«.  What the philosopher learned from his time in elementary-school classrooms. Vía Tom Nuttall.

– Enrique Krauze: «El profeta Isaiah«. Cómo Berlin se hizo liberal.

– Philp Browring en The Guardian: «Lee Kuan Yew obituary«.

– «The Children of ISIS«.  Why did three American kids from the suburbs of Chicago try to run away to the Islamic state, and should the Feds treat them as terrorists?

– My ISIS boyfriend: A reporter’s undercover life with a terrorist.

– Jennifer R. Williams en Foreign Affairs: «The Bureaucracy of Terror«. New Secret Documents Reveal al Qaeda’s Real Challenges. Via Manel Gozalbo.

– Kai Freise: «Borderlands«. India’s Great Wall para frenar a los musulmanes de Bangladesh

– Arielle Zibrak: «On Amish time«. Muy interesante.

– En BuzzFed: «Meet The 13-Year-Old Girl Who Might Be The World’s Best Female Rock Climber«. Vía Lupe.

Miedo a volar

Temer si dee di sole quelle cose
c’hanno potenza di fare altrui male;
de l’altre no, ché non son paurose.

Hubo una época en que me dio miedo volar. Llevo década y media moviéndome en avión por el mundo con regularidad y frecuencia. Distancias cortas y muy largas. Compañías de bandera y cafeteras de países sospechosos. Nunca me había pasado ni me ha vuelto a pasar desde entonces. Pero hubo una época en la que me dio miedo volar. O mejor dicho, me dio miedo despegar.

Estaba tranquilo en casa. Y al llegar al aeropuerto. En la cola de facturación y en la cola para embarcar. Estaba tranquilo al sentarme y al abrocharme el cinturón. Pero en los pocos minutos que llevan desde que se empiezan a mover las ruedas hasta que el piloto recoge el tren de aterrizaje lo pasaba mal.

No fatal, es cierto. No tenía pánico, sino inquietud, y nunca dejé de coger un avión. Pero me sudaban las manos, la frente, se aceleraba un poco el corazón y tenía que dejar de leer, o intentar concentrarme en leer más fuerte. Era una sensación muy desagradable que desaparecía, casi automáticamente, cuando el aparato llegaba a los 30.000 pies.

Nunca he entendido exactamente qué pasó. No recuerdo cuándo fue la primera vez, ni la última. Qué pensé al principio ni si sentí un alivio cuando desapareció la angustia. Pero sí sé que tenía que ver con ella.

Todo se había terminado, oficialmente y oficiosamente, pero algo quedaba. Bueno, quedaba mucho, porque durante más de un año, aunque mirara, no veía absolutamente a nadie más. Ella estaba a miles de kilómetros. Y yo también para el resto del mundo.

Mi cerebro, por primera vez, no estaba en mi equipo, ni me guiaba ni orientaba. La razón luchaba contra la confusión. Y perdía. Por eso, supongo, empecé a escribir esos mensajes en el móvil.

Eran cortos, magnánimos, directos. Recuerdo perfectamente el viejo Nokia y la carpeta. No había reproches, ni peros. No había grandes discursos ni coelhadas. Sólo una idea, con diferentes palabras cada vez y el mismo destinatario: ‘te quiero, siempre te he querido y te querré, sé feliz’.

Ángela, piloto, me decía que el despegue era una maniobra arriesgada, aunque el aterrizaje también, quizás más. A mí me daba igual. Mi cabeza había interiorizado que si el avión tenía problemas durante el vuelo o durante el aterrizaje tendría tiempo para reaccionar. Era absurdo, claro, pero me tranquilizaba creerlo.

Pero pensaba, me asustaba, que si algo fallaba durante el despegue no tendría tiempo de coger el teléfono, encenderlo, escribir el mensaje y mandarlo. Y eso me angustiaba, me encogía y notaba la tensión en la base del estómago, hasta el dolor.

Todo podía acabar en segundos, y podía soportarlo. Pero quería, necesitaba, que si todo iba a acabar ese mensaje llegara a su destino. Así que los dejaba preparados. En la bandeja de salida, pero sin su nombre. No quería errores tontos o darle al botón en un tropiezo y liarla.

Quería tener el mensaje listo para poder despedirme en cuestión de segundos. No quería irme, desaparecer para siempre, sin que supiera que lo último que pensé fue en ella, pero sobre todo que la seguía queriendo como siempre, independientemente del tiempo y lo ocurrido. Quería que supiera que había sido el alfa y sería el omega, y que deseaba más que nada su felicidad.

Se convirtió en un ritual. Esperaba hasta estar sentado en mi fila, siempre en el pasillo. Por comodidad, pero también para poder sacar rápido del bolsillo el móvil si hacía falta, sin obstáculos a los dos lados. Abría los mensajes y esbozaba, durante cinco minutos, el texto. Minimalista, tierno. Un poco cabrón, porque nadie se merece recibir un mensaje así del pasado que le joda el futuro, aunque sea sólo un instante.

Durante la maniobra el móvil se quedaba en el bolsillo, sujeto. Apagado, pero todo listo para poder conectarlo y enviar en cuestión de segundos. O, en el peor de los casos, soñaba, para que si algo terrible pasaba y no había cobertura, los investigadores lo encontraran encendido y con el mensaje listo para ella.

Entonces, como ahora, me asustaba más no poder despedirme que morir. Es algo que sólo me pasa(ba) en los aviones. Y después de cada accidente, cuando leo o veo las noticias, es lo único en lo que puedo pensar. En los ocho minutos. En el silencio.

Hubo una época en la que me dio miedo volar. En la que me dio miedo sentirme atrapado para siempre. En la que me aterrorizaba bloquearme y no poder decir adiós. Hubo una época en la que tuve miedo. Y de volar también.